jueves 9 de febrero de 2012


33 nombres para invertir en nueva fotografía

09 febrero 2012

Calle 20 - Febrero, 2012
Calle 20 - Febrero, 2012
Hace casi cuatro años y medio, en octubre de 2008, inicié la publicación de una serie de entrevistas-perfiles a fotógrafos emergentes en la revista Calle 20, editada por la misma empresa matriz que 20minutos.es.
La pretensión de Revelados, nombre de la sección (que, por cierto, bautizó mi compañera en este blog) era simple. Por una parte, ofrecer una sección fotográfica fija en la publicación. Por otra, dar soporte impreso a fotógrafos que lo merecen y que, por desgracia, no tienen demasiadas oportunidades de ver su obra en papel.
La sección, que firmé con una de mis dos identidades periodísticas, ha llegado a su final con elnúmero de este mes de Calle 20.
En los medios nada es intocable, imprescindible, durable. Cuando escribimos lo hacemos con un horizonte efímero.
Han sido 33 entregas. Me complace pensar en el carácter casi perfecto y bíblico del número.
Cada jueves escribo en este blog sobre fotografía. No parecía justo dejar de hablar de los 33 fotógrafos que han poblado mi retina con cadencia mensual desde hace tanto y con tanta potencia. He merecido que algunos -ese es mi orgullo- me consideren también como a un amigo.
David Sylvian - "Sleepwalkers" (2010)
David Sylvian - "Sleepwalkers" (2010)
Otros han demostrado que no andaba yo muy descaminado en su defensa. Una foto de Kristamas Klousch, por ejemplo, de la misma serie que la publicada en Revelados en marzo de 2010, fue utilizada unos meses después para la cubierta del disco Sleepwalkers del granDavid Sylvian.
Fotos de Yulia Kazban, publicadas en la revista en abril de 2011, sirvieron para el packaging de A Dream Within a Dream, de Maika Makovski.
Al retratista de homeless Lee Jeffries lo tuvimos en octubre de 2010, bastante antes de que su ternura inconcebible fuera advertida por Time, y al rey de la noche japonesaJunku Nishimura, a quien la FNAC tiene de gira por España en estos momentos, en noviembre del mismo año.
En el caso de Jordi Gual (octubre de 2009), nos adelantamos a la elitista revista C International Photo Magazine de Elena Ochoa de Foster, y contamos antes que nadie la pasmosa relación del fotógrafo con su hija Natalia, ciega de nacimiento (“los ojos de Natalia me enseñaron a mirar”), que ha inspirado algún mal documental.
Y ceso el cuento, que no pretende tener ánimo de propaganda personal sino de justa señal de agradecimiento hacia los 33 fotógrafos, a quienes nadie puede aplicar con justicia el calificativo derevelados en su acepción de sujetos de descubrimiento oculto y secreto: están bajo la luz y median para convertirla en lengua viva .
Lo que sigue es parte del elenco de Revelados. Copio y pego las entradillas de cada entrevista, vinculo a las páginas de Calle 20 (en formato PDF) y doy tres someros datos de cada artista: nombre, lugar de residencia y edad actual (no en el momento de la publicación).
Va por ellos. Porque incluir a los 33 haría que la longitud de esta entrada fuera suicida, selecciono a una docena y cito a los demás al final. Ellos saben que mi admiración no tiene nada que ver con estar o no estar, porque siempre están.
Minas Papdopoulos
Minas Papdopoulos
Minas Papadopulos
Tesalónica (Grecia)
36 años
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¿Tres adjetivos? “Suave, cínico, penumbroso”. ¿Sustantivos? “Lobo, culpa, soneto”. ¿Verbos? “Ajustar, permitir, pensar”. Facetas múltiples.
La propuesta inaugural de esta sección de valores fotográficos al alza es Minas Papadopoulos. Nació y vive en Tesalónica (Grecia) y usa la cámara como arma incruenta.
Sale al mundo a cazar. No lo hace para ganarse la vida –trabaja como docente y no confía en que sus fotos puedan darle de comer en estos tiempos de bombardeo de imágenes–, sino para entenderse a sí mismo. Las balas son contra el peor enemigo, la psique, sobre todo la de uno mismo.
“Ver el mundo con ojo fotográfico alimenta nuestra sensación de poder en un mundo que vive instalado en el miedo”, afirma.
Chieska Fortune
Chieska Fortune
Chieska Fortune
Vive entre EE UU y el Reino Unido
34 años
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“Necesito la fotografía como una medicina”.
Para Chieska Fortune es así de simple: hacer fotos es una necesidad primaria, un instrumento para poder vivir. Incluso para combatir el silencio y lo inasible del lenguaje: “Es una forma de comunicación para expresarse sin usar palabra alguna”.
Además, claro, fotografiar es ejercer una forma no agresiva de arquitectura: “Mirar el mundo desde dentro y desde fuera, encontrar sus luces y sombras, las pequeñas cosas que conforman las realidades, para construir durante el proceso otros mundos que tienen que ver conmigo”.
A través del visor se atraviesan todos los espejos, “ves aquello que no puedes ver con tus ojos, cierta luz que no está ahí cuando miras, pero sí cuando haces fotos”.
Amber Joy
Amber Joy
Amber Joy
Londres (Reino Unido)
33 años
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Acaba de empezar a hacer fotos y ya deslumbra con su afilada visión, a veces tierna, a veces descarnada, nunca inofensiva.
La inglesa Amber Joy propone un retorno al ideal de belleza (“el arte moderno se basa demasiado en el ‘concepto’, los intentos de aparentar inteligencia”), pero desde la creencia de que lo atroz también puede ser bello.
Sus fotos no admiten la indiferencia, son duras y militan en el examen de la condición humana desde la proyección de sí misma. Retrata como practicándose una biopsia cerebral.
“La fotografía puede ser muchas cosas: la simple grabación de un momento, la construcción de una fantasía, un instrumento para manipular las emociones de los demás… Pero siempre es el interior de la mente del fotógrafo”.
Sarah Marshall
Sarah Marshall
Sarah Marshall
Pittsburgh (Pensilvania, EE UU)
19 años
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Es insultantemente joven (16) y tan falta de prejuicios como para autorretratarse a sí misma una y otra vez sin caer en la vanidad o la autocomplacencia.
“Trato de reflejarme a mí misma en mi trabajo y creo que el autorretrato es la mejor manera de conseguirlo. Podría utilizar otros temas, pero tendría que conseguir que expresaran lo que siento en cada momento. Tiene más sentido que me utilice a mí misma para captar acertadamente mis ideas”.
Algo tendrá que ver, seguramente, el que Sarah Marshall viva en un pueblo de Estados Unidos donde no sucede casi nada.
“En realidad no soy mi tema favorito. Me lo paso bien fotografiando a mi hermana pequeña cuando se deja pero, por desgracia, eso ocurre muy de vez en cuando”.
Su rutina de hoy es casa-clase-casa; su plan para el futuro, dedicarse a la fotografía.
Merçè Rodríguez
Merçè Rodríguez
Mercè Rodríguez
Barcelona
44 años
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Mercè Rodríguez se retrata a sí misma en solitarias habitaciones de hotel donde las arrugas de las sábanas parecen trazadas por cuchillos de hojas blandas.
También le gustan los paisajes vacíos sólo en apariencia y las formas múltiples de las sombras.
Hace fotos porque se siente poseída: “Esto es como un bicho que se te mete dentro y te domina, es una pura necesidad vital”.
Acaba de exponer algunos de sus trabajos en Wandergalerie, un local del Raval barcelonés que antes de ser sala de arte era una panadería.  No es una simple casualidad: en una de las piezas  dos manos parten una hogaza, un gesto de una antigua pero perdurable honestidad. “Uno debe ser honrado con su mirada, porque el alma del fotógrafo se traspasa fotofísicamente a la obra”.
Chiara Balza
Chiara Balza
Chiara Balza
Milán (Italia)
28 años
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Descarada y exhibicionista. Chiara Balza sólo quiere “jugar y experimentar” cuando hace fotos. Lo demás no le importa casi nada.
“En la fotografía todo es instinto, al menos para mí. No hay necesidad de buscar nada concreto de antemano, nada profundo o trascendente. Con mi curiosidad me basta”.
Es autodidacta, y empezó a hacer fotos en serio y a diario hace sólo un año. Ahora no puede dejarlo, está poseída y tantea con formatos, cámaras, lenguajes…
“Las fotos hablan de mí mejor que mis palabras”, explica. Quizá por ese afán confesional, Chiara dice moverse por impulsos que nunca emergen del cerebro, sino de la piel, y admira más que a ningún otro fotógrafo a la estadounidense Nan Golding, cruda documentalista de su propia vida.
Jordi Gual
Jordi Gual
Jordi Gual
Terrassa (Barcelona)
48 años
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“La mejor foto está hecha sin cámara”. Jordi Gual sabe bien de qué habla cuando enuncia la frase.
Su hija mayor, Natalia, es ciega de nacimiento. Ahora tiene 18 años, toca el piano, estudia cerámica en una escuela de Artes Aplicadas, adora el sonido de la lluvia y es una de las mejores modelos de su padre.
“Los ojos de Natalia me enseñaron a mirar, pero es una mirada llena de tensión, de ambivalencia. Odio que ella esté ciega y la amo porque es mi hija”, afirma Jordi, un fotógrafo de vieja escuela que ni siquiera tiene cámara digital.
Lo suyo es, y la expresión parece también una metáfora de una forma de entender la vida y el mundo, el cuarto oscuro. En su penumbra trabaja a diario con el mejor de los materiales, la intimidad: fotos de sus hijas [Rita, de 8 años, y Aurora, de 12].
Christopher R. Perez
Christopher R. Perez
Christopher R. Perez
Denver (EE UU)
45 años
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Lo primero que contesta cuando recibe el cuestionario de esta revista es una imprecación casi homérica: “¡Holy shit!” (mierda bendita).
“No me manejo bien con las palabras, siempre dejo que las fotos hablen por mí”, añade como disculpa Christopher Ray Perez (sin la tilde, el apellido ha sido sajonizado).
¿Qué hablan estos retratos de personas impávidas frente al tiempo, enfrentadas sin texturitas digitales u otros engañabobos a las cámaras de C. R. P., tan viejas como las blasfemias del fotógrafo?
Como poco, honestidad desde ambos extremos del suceso comunicativo. Ellos, los sujetos, están ahí, ligeros de máscaras y, a veces, de ropa, con una mirada que arrolla de tan intensa lealtad.
Eso les pide Christopher: “Sólo les digo que me miren. Busco la simpleza de una mirada. Todos somos culpables de juzgar a los otros por la forma en la que los vemos. No quiero caer en eso”.
Kristamas Klousch
Kristamas Klousch
Kristamas Klousch
Vancouver (Canadá)
28 años
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Es una born in the eighties, pero opta como divisa por un axioma irrebatible del escritor dieciochesco alemán Friedrich Schiller: “El sentido más profundo de la existencia reside en los cuentos de hadas de mi niñez y no en las verdades que me enseñó la vida”.
Kristamas Klousch ha decidido dejar de crecer y seguir jugando (“la infancia es el único momento honesto”).
Acaso lo hace con el mejor de los compañeros: ella misma. Cada una de sus fotos —de leve crueldad, sensuales, apoyadas en el terror gótico y la máscara— es una intervención sobre su cuerpo: puede ser perversa y adorable, vampírica y lunática, infante dominante o víctima sumisa…
Considera sus autorretratos (en los que se maneja sin ayuda para la caracterización, el atrezo, el maquillaje…) “una forma de espectáculo”.
Isa Marcelli
Isa Marcelli
Isa Marcelli
Francia
54 años

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La certidumbre de la grandeza de una foto se refrenda cuando ante ella experimentamos una sensación no siempre verbalizable de historia, de memoria comprimida.
Aquí hay algunos ejemplos. La niña tapizada por una gasa es la hija de una vecina, justo antes de su mudanza a una ciudad lejana.
Las dos muchachas, las hermanas Alice y Alice Carole, son amigas de las hijas de la fotógrafa: “Crecieron al estilo hippie, en un autobús adosado a una caravana. Me contaron que siempre sueñan con agua de grifo”.
La joven que desciende por las escaleras es un intento de retratar a “un ángel”.
La familia en la playa, las huellas de los pies descalzos, la bruma salitre… son una sinopsis del único valor que importa, la felicidad reposada.
Isa Marcelli, la fotógrafa, es consciente del potencial de síntesis de las imágenes: “La fotografía me invita a ahondar, a ir más allá…”.
Junku Nishimura
Junku Nishimura
Junku Nishimura
Japón
45 años
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La penumbra apenas iluminada por noctámbulos desgarrados; la ciencia sin leyes de la curda y sus coces de vaca tonta…
Lemas para cuatro fotos: “Demasiado alcohol. Esta belleza se lanza a por otro hombre”; “me invitó a sake, nunca le devolví el dinero”; “no entiende en qué piensa su novio, está casado”; “un médico le dijo que tenía cáncer y no viviría demasiado, eso pasó hace cinco años, ahora está bien”.
Los entrecomillados son del gran ojo público de la noche japonesa, Junku Nishimura, que de seguro también estaba bastante colocado cuando hizo las fotos.
Sólo un intoxicado puede retratar así, desde la luz pura del vino de arroz. “Durante la noche nos quedamos sin piel y vemos nuestra verdadera imagen: no tenemos defensas”, dice.
Katia Chauseheva
Katia Chausheva
Katia Chausheva
Bulgaria
55 años
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Tiene el buen juicio de no confiar en las palabras y su trémula permanencia. “Lo siento, pero no soy capaz de hablar de mis fotos”, dice cuando le preguntamos por cada una de las obras que ilustran esta entrevista.
“No puedo decir qué es la fotografía. Soy alguien de imágenes, no de ideas. Lo siento”, añade en otro momento.
En las disculpas y sin pretenderlo, Katia Chauseva lo está revelando todo: la veneración por la momentaneidad, el respeto hacia la intuición, la mansedumbre de un pincel acariciando el lienzo…
Las fotografías de esta mujer que se excusa por no disponer de palabras nada tienen que ver con lo espectral del silencio. Al contrario, son explosivas, nacidas de un tormento e ímpetu de demiurgia romántica: “Las fotos me convierten en otra persona. Siento el alma de mis modelos, puedo tocarla. Ese momento me gusta tanto como el resultado”.

miércoles 12 de octubre de 2011

de 10




10 reconocidos directores de cine que también han destacado como fotógrafos
Álvaro Méndez.- Afirmar que la fotografía y el cine son dos artes estrechamente relacionados es poco más que una soberbia perogrullada. Y es que la similitud entre los recursos estéticos y técnicos que emplean ambas disciplinas y su similar origen técnico han ocasionado que muchos cineastas se hayan pasado de una disciplina a la otra obteniendo en ambas excelentes resultados. He aquí diez ejemplos de los muchos cineastas que también han puesto su talento al servicio de la fotografía. ¿O quizás es al revés?Stanley Kubrick. Polémico y perfeccionista, Stanley Kubrick es uno de los cineastas norteamericanos más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Mucho antes de debutar en la gran pantalla con "Fear and desire" y de revolucionar el séptimo arte con obras maestras como "2001: Una odisea del espacio" y "La naranja mecánica", Kubrick trabajó unos años como reportero gráfico para la revista Look, dejando una interesante colección de instantáneas.
En sus fotografías podemos reconocer algunas de las constantes del inconfundible estilo que marcaría luego su obra cinematográfica, como el gusto por las perspectivas y las líneas de fuga y su excelente gusto a la hora de componer imágenes en perfecto equilibrio y con contrastados claroscuros.
Más información: galería de fotos en Vogue

© Stanley Kubrick
© Stanley Kubrick
David Lynch. Onírica, sensual y profundamente perturbadora son algunos de los adjetivos que suelen definir la fascinante filmografía de David Lynch, el visionario director de "Carretera perdida", "Mulholland Drive" o "El hombre elefante". Al igual que ocurre en sus producciones cinematográficas, Lynch cultiva en sus instantáneas el gusto por la oscuridad, el sexo y los entornos opresivos y amenazantes.
Más información: reportaje en Lens Culture

© David Lynch
© David Lynch
Dennis Hopper. Auténtico "enfant terrible" de la industria cinematográfica de Hollywood y director y protagonista de la seminal "Easy Rider", Dennis Hopper fue durante toda su vida un apasionado fotógrafo. Entre su extensa producción fotográfica brillan con luz propia los estupendos retratos de algunos de sus compañeros de profesión, así como los de otros personajes anónimos que pululaban por la América contracultural de los años 60 y 70.
Más información: galería de fotos en The Independent

© Dennis Hopper
© Dennis Hopper
Wim Wenders. Nacido en Düsseldorf en 1945 y fan declarado de las cámaras Leica -marca con la que incluso ha colaborado en alguna ocasión-, Wim Wenders es un apasionado y activo fotógrafo. Gran parte de su extensa obra en esta disciplina se centra en los retratos que realizaba en los descansos de los rodajes de sus propias y veneradas películas, como "París, Texas", "El Cielo sobre Berlín" o el documental "Buena Vista Social Club".
Lejos del universo cinematográfico destacan sus fotografías de extensos paisajes urbanos en los que la presencia humana es prácticamente inexistente.
Más información: página web del autor

© Wim Wenders
© Wim Wenders
Anton Corbijn. Más conocido como director de videoclips de bandas como Depeche Mode, Nirvana o U2, el holandés Anton Corbijn debutó en el cine en 2006 con "Control", un "biopic" sobre la tortuosa vida de Ian Curtis, el malogrado vocalista de Joy Division.
Mucha más prolífica es su carrera fotográfica, que ha estado estrechamente ligada a la industria musical y a revistas de prestigio como Vogue o Rolling Stone. Sus estupendos retratos se caracterizan por mostrar a los músicos en momentos en los que impera la paz, la soledad y el sosiego, lejos del "glamour" y de sus actuaciones musicales.
Más información: página web del autor

© Anton Corbijn
© Anton Corbijn
Carlos Saura. Autor de algunas de las películas más importantes y laureadas del cine español como "La caza", "Cría cuervos" o "Carmen", Carlos Saura es un habitual en las salas de exposiciones gracias a su atractivo y extenso catálogo de instantáneas. Incluso han podido verse en alguna ocasión las máquinas fotográficas que él mismo construye y bautiza con nombres como Saurcam.
Muchos de los clichés de su filmografía aparecen también en su obra fotográfica: la fascinación por la muerte, su pasión por las mujeres y el gusto por las escenas costumbristas, aunque sin dejar nunca de lado una marcada influencia surrealista.
Más información: página dedicada al autor en ClubCultura.com

© Carlos Saura
© Carlos Saura
John Waters. Películas tremendamente transgresoras e independientes como "Pink Flamingos" o "Hairspray" han convertido a John Waters en uno de los directores más representativos del llamado cine "undreground" o de culto.
Profesor de cine y subcultura en la European Graduate School, la carrera de Waters siempre ha estado ligada al mundo de la fotografía. "Pecker", una de sus películas más accesibles, trata sobre un joven fotógrafo "amateur" que logra atraer la atención de una importante marchante de arte de Nueva york a base de retratar compulsivamente a los excéntricos habitantes de su pueblo.
Más información: selección de fotos en Marianne Boesky Gallery

© John Waters
© John Waters
Abbas Kiarostami. Abbas Kiarostami es uno de los cineastas más influyentes y laureados del Irán posrevolucionario y, sin duda, el que goza de mayor aceptación por parte del público internacional y por ende disfruta de una mayor presencia en las salas de todo el mundo.
La sencillez y el sosiego que desprenden reputados filmes como "El sabor de las cerezas" o "El viento nos llevará" están presentes en muchas de las instantáneas en las que captura los vastos espacios abiertos de su Teherán natal.
Más información: galería de fotos en Artnet

© Abbas Kiarostami
© Abbas Kiarostami
Larry Clark. Hasta que Harmony Korine se cruzó en su camino con el guión de "Kids" bajo el brazo, Larry Clark dedicaba todo su tiempo a la fotografía, disciplina en la que ha cosechado mejores resultados que en su posterior andadura cinematográfica.
De hecho, sus películas son una evidente prolongación de su actividad fotográfica. En ellas predomina un estilo crudo, directo y sin artificios para retratar el lado más sórdido de de la juventud norteamericana.
Más información: galería de fotos en The Guardian

© Larry Clark
© Larry Clark
Leni Riefenstahl. Tristemente célebre por sus producciones propagandísticas al servicio de la Alemania nazi, el talento de Leni Riefenstahl tras las cámaras le ha proporcionado un merecido lugar en la historia del cine. Tras ser exculpada por Francia y perder la mayor parte de sus bienes, inició en la década de los cincuenta una prolífica etapa como fotógrafa.
Su trabajo más conocido en esta disciplina se trata, sin duda, de su hermosa serie de retratos a los nuba, una tribu indígena del sudeste de África. En ella, la controvertida cineasta explora con sensibilidad la vida cotidiana del poblado fascinada por la belleza y perfección de los cuerpos desnudos de sus habitantes.
Más información: selección de fotos de la Fahey/Klein Gallery

© Leni Riefenstahl
© Leni Riefenstahl





miércoles 8 de junio de 2011

...

¿Hay carrete para rato?







Hace una década la mejor forma de empezar un debate fotográfico era preguntando si las cámaras digitales habían superado ya en calidad a las de película. Se plantaba uno en clase con unas cuantas copias de gran formato, las dejaba encima de la mesa y a ver quién era el valiente que sabía distinguir cuáles provenían del mundo de los píxeles y cuáles del de la plata. En unos minutos, la bronca entre defensores de una y otra rama estaba asegurada.


Pretender hacer ahora lo mismo sería bastante absurdo, entre otras cosas porque afortunadamente aquella cansina discusión que daba más protagonismo al medio que al propio contenido parece felizmente superada. Ahora la pregunta crítica se centra más bien en si nuestros queridos rollos de película seguirán existiendo dentro de unos años o si están abocados a desaparecer, engullidos por la tecnología digital.


La inmensa mayoría de los que nos movemos en este mundillo fotográfico tenemos muy clara la respuesta: por supuesto que sobrevivirán, aseguramos con tono grave. Tal vez relegados a un papel anecdótico, como mera curiosidad histórica o capricho de artistas lomográficos y demás bichos raros. Pero sobrevivirán.


Claro que serán más difíciles de encontrar y más caros, admitimos, pero siempre habrá alguna tienda que reserve un hueco para almacenar unos cuantos rollos de negativos y "diapos" y que pueda revelarlos. O un mercado negro de químicos, si no queda otro remedio que hacerlo en casa, pensarán los más pesimistas.


Los expertos aseguran que la película
química no sobrevivirá más de una década


El problema es que igual nos estamos dejando llevar por la nostalgia y nos falta una buena bofetada de realidad a base de cifras. Precisamente de eso se encarga un reciente artículo elaborado por The Associated Press que dibuja una situación bastante delicada para la fotografía química en el mercado estadounidense.


A principios de este siglo (hace una década ya… cómo pasa el tiempo) se vendían por aquellas tierras 1.000 millones de rollos de película al año. Ahora esa cifra ha caído en picado hasta poco más de 50 millones, sumando los carretes sueltos y las cámaras de un solo uso.


De hecho, estas cámaras de usar y tirar ya se llevan la mejor parte de este agonizante pastel con más de 30 millones de unidades vendidas al año. Pero, ¿quién demonios sigue comprando estas cámaras? Pues se ve que aún tienen tirón. Tanto, que Kodak incluso ha sacado una gama de modelos "tuneados" para bodas, con sus florecillas de colores, y tal. Dan ganas de casarse y todo para poder comprar un "pack" de 10 unidades por sólo 79,90 euros.


Volviendo a los datos del citado artículo, no sólo se ha derrumbado la venta de rollos de película, sino también las cámaras que los utilizan. En el año 2000, y según las cifras reflejadas en informes de la Photo Marketing Association, se vendieron casi 20 millones de cámaras de carrete. En 2009, sólo 280.000.


Los usuarios de estas cámaras no las renuevan, explican los astutos analistas de mercado, sino que simplemente dan el salto al mundo digital. De mantenerse esta doble tendencia al mismo ritmo, los expertos aseguran que la película química no sobrevivirá más de una década.


¿Se trata del típico estudio alarmista que, de entrada, no mira más allá del ombligo de su escaparate local y pasa por alto la importancia de los llamados mercados emergentes? Podría ser, pero si quieren alguna pista más cercana de cómo está el patio, les cuento una entrañable historia.


Poco tiempo después de llegar a Barcelona comencé a trabajar en un conocido laboratorio profesional de la ciudad. Éramos más de una decena de personas atendiendo en el mostrador, recogiendo rollos, rellenando sobres, regateando las quejas cuando había un retraso o una copia no aparecía… Turnos de mañana y tarde. Al mediodía no se cerraba, y a determinadas horas se montaban unas colas espectaculares.


No se ganaba mucho -qué bonito eufemismo-, pero a cambio aprendí a distinguir entre Astias, Provias, Velvias y demás. Pudimos practicar con procesos cruzados y revelar nuestras geniales fotos a precios muy asequibles -mira, otro eufemismo- o ver el delicado revelado en bastidores y el filtraje manual de color en el positivado.

Cuando la película deje de ser rentable, ni Kodak
ni Fujifilm ni nadie querrá tirar el dinero para
satisfacer nuestra nostalgia química


De vez en cuando sigo pasando por allí para encargar alguna copia. Casi nunca hay cola, cierran al mediodía y, evidentemente, el mostrador tampoco es lo que era. Por supuesto, no es un caso aislado, y seguro que en muchas pequeñas tiendas de barrio la situación es bastante más dramática.


No sé si en realidad al carrete le quedan diez o veinte años de vida por delante, si está ya condenado o todavía hay esperanza. Pero lo que está claro es que, cuando deje de ser rentable (parece que por ahora lo sigue siendo), ni Kodak ni Fujifilm ni nadie estará dispuesto a tirar el dinero para satisfacer nuestra bonita nostalgia química.


Así que menos lloriquear, menos emotivos recuerdos del olor amargo que salía de las cubetas, menos batallitas de cuando sacábamos totalmente a oscuras la película del carrete y la metíamos en aquellas espirales para revelar el negativo, y más desempolvar las viejas cámaras y rescatar los rollos caducados que guardamos en un rincón de la nevera.


Yo pensaba especular con ellos para revenderlos por el doble cuando escaseen, pero visto el panorama y las previsiones de demanda, igual mejor los uso.






Iker Morán.






martes 17 de mayo de 2011

LOIS PEREIRO ( fotos V. Caramés )

Lois Pereiro, el poeta punk

hecho clásico

El Día das Letras Galegas homenajea a un autor de culto con aura de maldito


HENRIQUE MARIÑO Madrid 16/05/2011 

El poeta lucense Lois Pereiro, homenajeado en el Día das Letras Galegas. FOTOS: VARI CARAMÉS

El poeta lucense Lois Pereiro, homenajeado en el Día das Letras Galegas. FOTOS: VARI CARAMÉS

El Día de las Letras Gallegas ha sido, hasta hoy, el plumero que ha sacudido la polvorienta biblioteca de ilustres literatos autóctonos, exhumando cada 17 de mayo a padres de la patria como Rosalía o Cunqueiro, pero también a una heterodoxa nómina trufada de frailes, arzobispos o reyes medievales ajena al pulso de la calle o a la mesita de noche del lector contemporáneo.
El tamiz de la muerte evitaba que autores con tirón mediático y editorial protagonizasen la jornada, pues los homenajeados debían permanecer, al menos, diez años bajo tierra. Lois Pereiro (Monforte, 1958) llevaba un lustro aguardando en el cementerio de Santa Cristina do Viso su turno, aunque sus apologetas eran conscientes de que el poeta lucense escondía en su gabardina apenas un ciento de poemas y revelaba en su rostro las depresiones del malditismo, la contracultura y el post punk.
Demasiados fardos, a priori, para la Real Academia Galega, que terminó haciéndose eco de las reivindicaciones de los vates coruñeses que lo acogieron, mediados los ochenta, en el grupo De amor e desamor; de los precursores del movimiento atlantista, una movida pasada por agua que destiló publicaciones como La Naval o Luzes de Galiza, en las que Pereiro plasmó su expresionismo galaico; y de las nuevas generaciones de blogueros, escritores y periodistas, enrolados en Internet, que se han valido de bitácoras y redes sociales para soplar a favor de la candidatura del firmante de Poemas 1981/1991 y Poesía última de amor e enfermidade, reeditados por Edicións Positivas.
Fueron los únicos libros que el poeta pudo ver en vida, pues la guadaña con la que flirteó en sus versos lo arrebató a sus 38 años. Dejaba una novela inacabada en el cajón, Náufragos do paradiso, rescatada por Galaxia; un sentido diario epistolar a su amor siamés, Piedad Cabo, que tomaría la forma de una Conversa ultramarina (Positivas); y un sembrado de estrofas en revistas y fanzines como Dorna y Loia, que dio título a Poemas para unha Loia, publicado en el primer aniversario de su pasamiento y traducido ahora al inglés (Collected Poems, Small Station Press) y al castellano (Obra completa, Libros del Silencio).

Rescate del poeta 

"Había problemas para acceder a su obra y, en pocos meses, se han publicado unos 25 libros", explica el escritor Manuel Rivas, que lanzó la candidatura desde su sillón de la Academia sin imaginar que pudiera salir adelante. "Las traducciones van a ser para el mundo de la literatura como una lanza de luz entre dos tormentas", asegura el exdirector de Luzes, donde su amigo Pereiro publicó días antes de morir Modesta proposición..., recuperada junto a otros ensayos por Xerais. "Ahora que está de actualidad el panfleto, el texto es un auténtico Indignaos en forma de arcoiris que no sólo abarca la denuncia", apunta.
Romántico, maldito, exiliado de sí mismo, como Leopoldo María Panero, pero también un libertario que reflejó en su obra "una lectura política del mundo", recuerda Iago Martínez, coautor del documental Contra a morte, un "retrato colectivo y urgente de su generación" que se estrena este martes en la TVG. "Protagonizado por sus amigos y con el poeta como coartada, en él emerge la colza, la heroína y el tardofranquismo", explica Martínez, quien subraya en la biografía Lois Pereiro. Vida y obra (Xerais) la impronta de la música en sus textos. "No es un poeta del rock, pero forma parte de su paisaje emocional e histórico. En su cosmovisión, Thomas Mann está a la misma altura que Ian Curtis".

 

Moderno en Monforte

Pereiro, nacido en un cruce de caminos de hierro, se dejó atrapar por los nuevos tiempos, que arribaban a su pueblo en ferrocarril. "La heroína entró en Monforte como un vendaval. Tal vez, a través del tren llegó el movimiento obrero, el caballo y el sida", opina su biógrafo. Allí, en el bar Sésamo, donde se cobijaba una "célula de contemporaneidad", sus colegas traficaban con casetes y filmes extranjeros. The Velvet Underground, David Bowie, Neil Young, Joy Division: todo muy oscuro, malditos de diversa clase y condición frente a cantautores protesta, que le parecían un coñazo. Antes de pisar Madrid y machacar sus retinas en la Filmoteca Nacional, Lois se sabía de memoria cada fotograma de Metrópolis sin haberla visto. También poseyó a los simbolistas franceses (Baudalaire, Rimbaud, Verlaine) y a los literatos centroeuropeos (Thomas Bernhard, Peter Handke). "Su gusto era muy avanzado".
El trágico destino convertiría su silueta rasgada en una figura de Giacometti. Pereiro recala en Madrid para estudiar inglés, francés y alemán en la Escuela Oficial de Idiomas y se instala con su pareja y amigos en un cuarto piso sin ascensor de la Avenida de Extremadura, donde el repartidor del butano les vende aceite a granel. Era 1981 y a Lois, con 23 años, las escaleras se le antojan una ascensión al infierno, ya que sus músculos flojeaban por culpa de aquel líquido que envenenaría a miles de personas en España: el aceite de colza desnaturalizado. Luego vendría la heroína, que lo iba a acompañar hasta 1994, cuando, ya en A Coruña, es ingresado en el hospital y le diagnostican el sida. "El cuerpo es una poesía de batalla: / una carnicería en el cerebro", escribe.

Regreso a la tierra

Pereiro intentó darle salida a sus composiciones y, a falta de una editorial que lo respaldase, dejó su huella ácrata, rebelde y transgresora en un fanzine imprimido con una vietnamita por el exilio cultural en Madrid. Alrededor de Loiagravitaban, además de Rivas, los pintores Menchu Lamas y Antón Patiño, así como su propio hermano, Xosé Manuel, que haría de sus letras canciones para el grupo de rock Radio Océano.
Algunos de ellos, junto a Miguel Anxo Fernán Vello, Xulio Valcárcel o Lino Braxe, repetirían en el colectivo coruñés De Amor y desamor, que con sus recitales sacó a Pereiro de su voluntario ostracismo público. En una instantánea de Xurxo Lobato, que ejercería con Vari Caramés de fotógrafo oficioso, "parece que es un recorte", comenta Martínez. La estética de Pereiro, con gafas ahumadas y cazadora de cuero jalonada de cremalleras, contrasta con las chaquetas de sus acompañantes, entre ellos el exministro de Cultura César Antonio Molina, que traduciría algunos de sus versos para la antología Después de la modernidad (Anthropos).
Pereiro ha importado para entonces los postulados del underground europeo. En sus viajes en tren por el viejo continente, sigue el rastro de sus autores de cabecera —Gertrude Stein en París, Yeats y Joyce en Irlanda, Dylan Thomasen Gales, Bernhard en Salzburgo— y, tras ver las primeras crestas en Edimburgo, se sumerge en el movimiento punk berlinés. "Era como una semilla que contenía un universo absolutamente singular, que finalmente se está expandiendo", subraya Rivas.

 

El clásico vanguardista

Galicia asiste a la multiplicación de sus rimas y sus textos: recitales, conciertos, discos, performances, exposiciones, cómics, documentales y libros rinden tributo a un escritor impudoroso y desgarrado que habló del amor y la muerte con conocimiento de causa. Los stencils con su faz en blanco y negro han colonizado los muros del país e incluso una cadena de supermercados la ha impreso, acompañada del poema Transmigración, en sus bolsas. Muy de poeta urbano o, como lo describió Xavier Seoane, asfáltico.
"Está siendo un descubrimiento para todo el mundo, especialmente para las nuevas generaciones, que lo asumen como la voz de la literatura que necesitábamos en este momento", añade el creador de Todo es silencio, testigo de la revitalización del Día de las Letras Gallegas gracias a la elección de Pereiro como singular e inesperado protagonista. "Lo que está pasando con un autor considerado maldito hasta hace unos meses es algo inaudito. Se habla de él poniéndolo a la altura y con el carácter de convulsión de Rosalía de Castro oManuel Antonio". Ya lo había escrito años ha: "Pereiro es el clásico que tiene la literatura gallega sin saberlo".